Mi novia y yo decidimos ir de vacaciones con un grupo de amigos, sin imaginar que en ese viaje cambiaría por completo nuestra relación. Decidimos hacerlo porque hacía tiempo que no salíamos de la ciudad debido a nuestros trabajos, pero los tiempos por fin coincidieron y tuvimos la oportunidad de animarnos a ir a la playa. El destino sería Acapulco. Además de mi chica y yo, en el grupo estaban dos de mis grandes amigos, Luis y Manuel, y la mejor amiga de mi novia, Gabriela. Todos estos nombres serían partícipes de lo que sucedió.

La aventura comenzó un jueves muy temprano, tomamos un vuelo de Volaris en la mañana y en menos de dos horas ya estábamos en las hermosas playas de Guerrero. No nos hospedamos en ningún hotel, nos quedamos en la casa de una tía de uno de los miembros de aquel grupo, así que sólo fuimos a un supermercado para comprar alimentos y bebidas. La casa estaba muy cerca de la playa, así que todo estaba más que perfecto. El primer día nos la pasamos nadando y jugando en la arena, comiendo y bebiendo. El viernes decidimos que queríamos ir a disfrutar de la vida nocturna, por lo que antes de salir nadamos un rato en la alberca de la casa. Rebeca, mi novia, se la pasaba mucho con Luis, Manuel y Gabriela cuando yo no estaba cerca. La veía más cerca que nunca con mis amigos, pues nunca se han llevado del todo bien, sólo han sabido sobrellevarse.

No le di mucha importancia al tema y nos fuimos de antro como a las 7 de la noche. Rebe se veía espectacular con un vestido corto y muy pegado, se robaba las miradas de todos los hombres y eso me hacía sentir orgulloso, incluso Manuel no dejaba de verla. Yo sólo me reía, pero no supe que había dejado pasar la segunda alerta, por lo que la tercera seria la vencida. Cuando cambiamos de lugar, yo tuve que ir a un cajero para sacar más dinero, por lo que les dije que se adelantaran y yo los alcanzaría minutos después. Tercer grave error.

Cuando llegué al antro donde nos habíamos quedado de ver no lograba encontrarlos, así que fui al baño para llamarlos y mi sorpresa fue ver a mi novia con Manuel saliendo del baño de mujeres, riendo hombro con hombro y tomados de la mano. No quise hacer un problema donde quizá no lo había o donde no quería verlo, pero decidí mejor irme a la casa. A la mañana siguiente, todos dormían en sus habitaciones menos, adivinen… Rebeca y Manuel, exacto. Parece que nunca llegaron y eso me quitó la venda que no quería quitarme.

Cuando volvieron, primero llegó mi novia, quien me dijo que se les hizo muy tarde porque se fueron a otra fiesta y ya no sabían cómo regresar, por lo que se quedaron en la casa donde había sido. Por su parte, cuando Manuel llegó, no podía con la culpa en su alma y simplemente dijo: “Discúlpame, hermano… pasó”. Una frase, una disculpa y todo terminó.